En un momento en que el diseño moderno parecía avanzar inevitablemente hacia la industrialización y la producción en serie, Clara Porset propuso otra posibilidad: aprovechar las herramientas de la modernidad sin abandonar los materiales, las técnicas y los conocimientos desarrollados durante generaciones.
Diseñadora, arquitecta, docente y escritora, Porset construyó buena parte de su carrera en México, donde encontró en las tradiciones artesanales y en la cultura material del país algo más que una fuente de inspiración. Para ella, el diseño debía responder al clima, a los materiales disponibles, a las formas de habitar y, sobre todo, a las necesidades de las personas.
Su trabajo plantea preguntas que siguen siendo relevantes: ¿qué conocimientos perdemos cuando sustituimos lo artesanal por la producción industrial? ¿Puede un objeto moderno conservar técnicas tradicionales? ¿Cómo podemos diseñar objetos accesibles, duraderos y apropiados para el lugar donde serán utilizados?
De Cuba a México
Clara Porset nació en Matanzas, Cuba, en 1895. Tuvo acceso a una educación poco habitual para muchas mujeres de su generación y desarrolló su formación entre Cuba, Estados Unidos y Europa.
Estudió en Nueva York y posteriormente continuó su preparación en París, donde tomó cursos relacionados con arquitectura, arte y diseño. En 1934 estudió en Black Mountain College, en Carolina del Norte, donde entró en contacto con Josef y Anni Albers, figuras fundamentales de la Bauhaus que habían emigrado a Estados Unidos después del cierre de la escuela alemana.
Esta combinación de influencias sería importante para su trabajo posterior. Porset conocía las ideas del movimiento moderno, pero no entendía la modernidad como una ruptura absoluta con lo anterior.
Tras regresar a Cuba, comenzó a trabajar en proyectos de interiorismo y mobiliario y a impartir conferencias sobre arquitectura y diseño. Sin embargo, su oposición al gobierno cubano la llevó a exiliarse y, a mediados de la década de 1930, llegó a México.
Aquí conoció al pintor y diseñador Xavier Guerrero, quien se convertiría en su compañero de vida y colaborador. Juntos recorrieron distintas regiones del país y conocieron materiales, objetos y técnicas artesanales que tendrían una profunda influencia en su trabajo.
Una modernidad hecha también a mano
Durante buena parte del siglo XX, una de las grandes promesas del diseño industrial fue la posibilidad de fabricar objetos de manera rápida, económica y en grandes cantidades.
Porset conocía esas posibilidades y no rechazaba la industria. Su propuesta era más compleja: consideraba que la producción moderna podía convivir con conocimientos artesanales y materiales locales.
Madera, fibras vegetales, ixtle, tule, palma y distintos tipos de tejido aparecieron en sus muebles no simplemente como elementos decorativos, sino como parte de una manera de diseñar vinculada con el territorio.
También prestaba atención al clima. En regiones cálidas, por ejemplo, los materiales y tejidos utilizados podían favorecer la circulación del aire y producir muebles con superficies más frescas y ventiladas. El objeto debía responder al lugar en el que existiría.
Vista desde el presente, esta forma de pensar resulta especialmente interesante. Antes de que habláramos habitualmente de diseño sostenible, producción local o aprovechamiento de conocimientos tradicionales, Porset ya exploraba muchas de las preguntas que hoy asociamos con esos conceptos.
No se trataba de rechazar la tecnología, sino de preguntarse cuándo era realmente necesaria y qué podía aprender el diseño moderno de formas de producción que ya existían.
El butaque: diseñar a partir de lo existente

Una de las piezas más asociadas con Clara Porset es el butaque, un asiento bajo y ligeramente reclinado cuya historia en América es mucho más antigua que la propia diseñadora.
Porset estudió y reinterpretó distintas versiones de este mueble que podían encontrarse en México y otros lugares de América Latina. En lugar de convertirlo en una pieza uniforme, prestó atención a sus variaciones regionales, a los materiales disponibles y a las técnicas utilizadas para fabricarlo.
En Veracruz podían encontrarse versiones tejidas con fibras vegetales que permitían una mayor ventilación. En otras regiones aparecían diferentes maderas, tejidos e inclinaciones.
Porset llevó esa tradición a nuevos contextos y colaboró con arquitectos mexicanos para desarrollar distintas versiones del asiento. Para la Casa Prieto López, proyectada por Luis Barragán, desarrolló mobiliario en el que materiales como el ixtle y el cáñamo convivían con formas modernas.
El interés del butaque está precisamente en esa continuidad. Porset no intentó borrar el pasado para crear algo aparentemente nuevo. Observó un objeto que había evolucionado durante siglos y trabajó a partir de ese conocimiento.
Es una idea sencilla, pero profundamente contemporánea: innovar no siempre significa empezar desde cero.
Diseñar para la vida cotidiana
Porset también llevó estas ideas más allá de las residencias particulares.
A finales de la década de 1940 colaboró con el arquitecto Mario Pani en el Centro Urbano Presidente Alemán (CUPA), uno de los primeros grandes conjuntos de vivienda multifamiliar moderna de la Ciudad de México.
Porset diseñó mobiliario para los departamentos muestra pensando en espacios relativamente pequeños y en las necesidades de quienes vivirían en ellos.
El proyecto colocaba al diseño frente a una pregunta fundamental: si la arquitectura moderna pretendía transformar la vivienda, ¿cómo debían ser los objetos que permitirían habitar esos nuevos espacios?
Para Porset, el mobiliario no era un elemento independiente de la arquitectura. Las dimensiones, los materiales, el costo y la manera de utilizar cada objeto formaban parte de un mismo problema.
Esa perspectiva también introduce una dimensión social del diseño. Un objeto bien diseñado no debería existir únicamente como pieza excepcional o de lujo. El diseño podía participar en la construcción de espacios cotidianos más funcionales y dignos.
A lo largo de su carrera colaboró con arquitectos como Mario Pani, Luis Barragán, Enrique del Moral y Max Cetto, y diseñó mobiliario para viviendas, hospitales, espacios públicos y otros proyectos.
Artesanía e industria

En 1940, Porset y Xavier Guerrero participaron en el concurso Organic Design in Home Furnishings, organizado por el Museum of Modern Art de Nueva York.
Su propuesta consistía en mobiliario pensado para viviendas mexicanas y utilizaba formas y materiales que podían adaptarse tanto a procesos artesanales como a ciertos sistemas de producción industrial.
La participación de Porset resulta especialmente significativa porque desarrolló su carrera en un campo profesional dominado mayoritariamente por hombres. Durante años, además, parte de su trabajo fue atribuido principalmente a Guerrero, aunque investigaciones posteriores han permitido recuperar con mayor claridad su autoría y participación.
La relación entre industria y artesanía continuó ocupando buena parte de su pensamiento.
En 1949 publicó el ensayo ¿Qué es diseño? en la revista Arquitectura México. Allí reflexionó sobre el diseño y la arquitectura como disciplinas vivas, relacionadas con las condiciones materiales, históricas y sociales en las que se producen los objetos.
Porset cuestionaba las fronteras rígidas entre arte, artesanía y diseño. Un objeto cotidiano podía contener conocimiento técnico, historia, cultura y belleza sin dejar de ser útil.
El arte en la vida diaria
Estas ideas encontraron una de sus expresiones más importantes en 1952, cuando Porset organizó la exposición El arte en la vida diaria. Objetos de buen diseño hechos en México.
La muestra reunió objetos artesanales e industriales y los presentó como partes de una misma cultura material.
La elección era significativa. En lugar de colocar la artesanía en un pasado que debía ser superado por la industria, la exposición permitía observar cómo ambos mundos podían relacionarse.
También planteaba una cuestión que continúa presente en el diseño contemporáneo: el conocimiento artesanal no reside únicamente en la apariencia de un objeto. Está en saber qué material funciona en determinado clima, cómo se comporta una fibra, cómo reparar una pieza o cómo aprovechar los recursos disponibles en una región.
Cuando desaparece una técnica, por lo tanto, no perdemos solamente una estética. También puede desaparecer conocimiento acumulado durante generaciones.
Enseñar otra manera de diseñar
Porset dedicó los últimos años de su vida a la enseñanza y tuvo un papel importante en la consolidación del diseño industrial como disciplina académica en México.
Participó en la enseñanza del diseño en la Facultad de Arquitectura de la UNAM y contribuyó a formar nuevas generaciones de diseñadores. Después de su muerte, en 1981, dejó a la Universidad su archivo, su biblioteca y una importante colección de documentos relacionados con su trabajo.
Su influencia, sin embargo, va mucho más allá de los muebles que diseñó.
Porset defendió una manera de entender el diseño en la que modernidad y tradición no tenían por qué ser opuestas. La tecnología podía convivir con el trabajo manual; la producción industrial podía aprender de la artesanía; y un objeto podía ser moderno sin perder su relación con el lugar donde había sido creado.
Hoy, cuando el diseño vuelve a preguntarse cómo producir con menos recursos, cómo conservar conocimientos locales, cómo crear objetos duraderos y cómo responder a necesidades reales en lugar de generar simplemente más cosas, su trabajo adquiere una nueva relevancia.
Quizá una de las ideas más valiosas que podemos recuperar de Clara Porset sea precisamente esa: antes de diseñar algo nuevo, vale la pena observar lo que ya existe, comprender por qué funciona y reconocer el conocimiento de quienes lo han hecho durante generaciones.